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La verdadera historia del marketing interno

jefeLa definición aceptada es la que dice que “consiste en promocionar los valores de la marca y la imagen de la compañía a sus trabajadores, para que se sientan más identificados con los productos o servicios de esta, aumentando su motivación y fidelidad a la compañía.”

Personalmente, la definición del marketing interno debería de ser “el marketing que consiste en cuidar a tus empleados para que no se sientan desmotivados, rindan más y quieran quedarse a desarrollar su carrera profesional en la empresa”.

Parece que soy un pesetero y no es así. Hay algo más importante que el dinero, aunque si estás amargado y cobras una mierda, el dinero pasa a ser la única y primordial causa. Recordemos que el hombre es un “homo economicus”.

La mayoría de las empresas ven a los trabajadores como mano de obra, sujetos económicos que interactúan para ganar dinero y vivir. Lo que no saben las empresas es que su mayor activo no son sus maquinarias caras que hacen de todo, ni sus ordenadores, ni sus instalaciones… El mayor activo de una empresa son sus trabajadores y si no los cuidas y no miras por ello los pierdes, y si los pierdes no vales nada.

Parece un poco drástico, pero las empresas se ciñen única y exclusivamente a la ley para que no les denuncien. Me da exactamente igual las necesidades, sentimientos y frustraciones de mis trabajadores. Después si te vas eres un cabrón porque los dejas tirados.

Así que voy a dar unos pequeños consejillos a los jefazos, siempre desde mi punto de vista de currante.

  • Dar algún puente de vez en cuando no te hace perder dinero, al revés. Los trabajadores vendrán más motivados, descansados y con ganas de trabajar. Si los haces trabajar un puente se tangarán todo lo que puedan en venganza.
  • Hacer reuniones a última hora para aprovechar al máximo la productividad de tus empleados es una guarrada y gorda. Si por motivos extraordinario se hace, recompénsalos con algún detallito a final de mes, coño, que estás forrado.
  • Contrata a más personal para no sobrecargar a nadie. Cuanto más trabajo, más presión, más prisa… Más fallos, más clientes descontentos, peor boca a boca y menos recomendaciones.
  • No trates de ser un jefe enrollado y colega, no sirve de nada. Tu jefe siempre será tu jefe. Otra cosa es que seas un buen jefe, cosa que es mejor que ser un jefe enrollado que te putea y te roba.
  • Reconoce los esfuerzos y progresiones de tus empleados cuando sean notorias, no cuando les finalice el contrato y casi por obligación para retenerlos.
  • Cuesta más caro encontrar nuevos trabajadores cualificados que retener a los actuales con un pequeño incremento de sueldo o gratificación.

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